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| ¡Yummi! |
¡Calma! no estoy festejando… Sí, yo sé que es un paso grande en el aprendizaje, que empiezan a comer solitos por ahí de los 9 meses, que les sirve para su desarrollo motriz y demás.
Es sólo que ahora cada día es una odisea… ya no recibe ninguna cucharada que le ofrezcamos, él las tiene que tomar; obviamente en 9 de cada 10 intentos la sopa termina en la ropa, la silla, el piso, mamá, papá o el cabello (o todas las anteriores) Y no sé por qué extraña razón la mayoría de las veces no atina a la boca pero la comida llega perfecto a la cabeza y luego el nos mira y dice "Wooow" con una sonrisa de orgullo.
Ahora que, cuando intento engañarlo dejándole una cuchara para él y dándole de comer con otra, manotea tanto que me tira ambas cucharas al piso, y entonces como ya no hay cucharas, levanta el plato para tomar el caldo directamente, ah! Porque habrán ustedes de saber que toda la comida tiene que ser calduda, sino, mete la mano al plato y grita ‘uuuboo’ que quiere decir “jugo” pero se refiere al caldo. Para este momento supondrán que ya la ropa está cubierta en caldo y comida, como los baberos (si acaso se los deja) no cubren área suficiente, a veces usa una camiseta de Gigi encima de su ropa para ‘capear’ lo más que se pueda de comida, cuando el plato está vacío llega el momento de lanzarlo al piso o ponérselo de sombrero y entonces como él terminó de comer pide que lo saques de su sillita, hay que lavarle las manos antes que se llene los ojos de comida; aprovechas y le lavas la cara, el pelo y cambias de ropa y listo como nuevo!... Hasta el momento de la cena.
Y no, no me quejo, no es problema, en ocasiones hasta es divertido, pero a veces, a las mamás nos da por querer comer al mismo tiempo que el resto de la familia y dar un bocado mientras tienes que decirle a bebé ¡no le des de comer a Pancha! (o Wiwishu según corresponda), explicarle a Gigi dónde está el salero, pretender que prestas atención a las charlas de negocios de papá, “abanicarle” una patada a los gatos para que no se suban a comer con bebé y NO atragantarte en el intento… esa es la verdadera odisea.
Un breve ejemplo, y aquí papá no me dejará mentir. Anoche, llegan los abuelos, se quedan a cenar, de menú hamburguesas y papas fritas, con una mano le doy de comer a bebé y con la otra como yo, para no contaminar la comida de bebé (así soy de tiquismiquis ustedes perdonen) le pongo un par de papitas fritas a bebé en su mesa, las come, pide “abua” y “ubo” esta vez si quiere jugo, le doy su vaso, lo tira, le sirvo en otro, pide más papas, le dejo una papita en su mesa volteo a tomar un poco de refresco y de reojo veo que se quita el zapato y lo pone en la mesa (sobre las papas obviamente), medio me paso el refresco para decirle “¡El zapato está sucio!” Él se ríe y voltea a ver a los abuelos con cara de alegría como si hiciera mucha gracia y como los abuelos se ríen pues lo comprueba.
Pues eso, el nene ya come solito y aunque equivale a 3 cambios de ropa, lavarlo completo tras cada comida, limpiar piso, mesa(s) y sillas, lo disfruto porque sé que un día estaré recordándolo sin que me pese el cansancio como recuerdo ahora con nostalgia los momentos en que mi Gigi empezaba a comer solita.
Gracias a Dios por permitirme vivir, disfrutar (y batallar ¿por qué no?) cada etapa de mis pequeños.
Y a ustedes, gracias por pasar.